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PAZ EN LA GUERRA.

Vivimos tiempos de convulsiones en lo político, social, religioso, económico, deportivo, sindical, empresarial, etc. En esa urdimbre es muy fácil caer de rodillas, sin querer levantarse por cuanto el ciudadano no le encuentra sentido a erguirse. Y el “para qué” se torna hasta comprensible.

Los movimientos sociales de toda índole hacen mella en la psiquis hasta llevarle a un agotamiento del cual se hace partícipe, bajo la firme intención de llevarse por delante a quienes quieren usar su cuerpo como punta del iceberg para golpear a otros.

Es tiempo de guerra. Al estar en soledad, o en compañía de seres con quienes no quiere estar. Generando angustias, llantos, calamidades, que son caminos expeditos hacia las bajas pasiones, que también le son afines.

¿Cómo controlarlos entonces? Consideramos que es de elevada conciencia verles como actos inmersos en el devenir social al cual asiste. Ante ello, nada más conmovedor que estar en sintonía con los momentos en los cuales estos fluyen de manera tan natural que de nada sirve procurar hacerle ver al otro que su narrativa en nada beneficia a la población.

Y es que en verdad, no cobra sentido tratar, a través del manejo de las circunstancias, que otro pueda tener compasión hacia los pensamientos que pudieran no serle afines.

Cómo no estar en un torbellino, la vida misma lo es. ¿Por qué entonces pensar que eres el causante de situación embarazosa incomprensible y arrogante? Siendo cierto que estamos en presencia de circunstancias características de un ser social, racional y bueno.

¿Por qué disparo contra otro mis miradas, si estas contribuyen al cerrojo de las ideas y la desaparición de la inevitable confrontación de los ideales?

Así vivimos en guerra, sin percatarnos que estamos en paz. Que está última es el único camino que tiene el individuo para relacionarse con otros, mirarle a los ojos, abrazarle y expresarle cuánto le quiere. Es la entrada al ático esplendoroso de lo bello que te anima a pensar que todo es posible, dentro de las relaciones sinápticas para resolver los conflictos por muy dispares que estos presuman ser.

La guerra es un campo de batalla donde todos pierden al no haber ilusiones compartidas y caminos por recorrer. La guerra es la antítesis del beso que fluye de la sonrisa del niño al ofrecer su juguete al otro, con la esperanza que algún día se vuelvan a encontrar en las vías del tren que recorre sus venas.

Escenario espléndido de la paz, donde una mano sobre la otra dice al mundo que por encima de todo están las bondades escenificadas en los campos floridos del amor y la amistad.

 

Astudillo’s Group.

Autor: Eknow

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