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Formación en la Laguna.

Hace unos cuantos años viví una experiencia maravillosa en un pequeño pueblo a orillas de una laguna, donde crecía una planta herbácea silvestre de muchos tallos rectos, largos, flexibles y cilíndricos, conocida como junco.

Con ella se fabricaban pequeños “colchones” que servían para convivir con la dureza de la tierra, donde los pueblerinos procuraban alcanzar el sueño en las calurosas noches, que se repetían todo el año con variantes de temperaturas características de un calor sofocante y pegostoso.

Donde nadie dormía sino con la fragancia del famoso “petate” que actuaba como despertador permanente para que estuviesen pendientes al amanecer, y volver a la laguna a reiterar en la jornada los cantos que en ella se entonaban.

La “Laguna de Campoma”, es un escenario de belleza sin igual, con tonalidades diversas en épocas distintas del año. Un tapiz que en su piso escondía remotas historias que a los niños les contaban los adultos para hacerles dormir más temprano.

Lo que nunca se dijo en las pocas escuelas de los caseríos cercanos, fue la verdad. Esa que prefirieron guardar para alejar los malos pensamientos y el miedo, como si de algo sobrenatural se tratase. Y en ello, tal vez tenían razón.

He allí el meollo del asunto ¿hasta dónde la escuela se convierte en encubridora de vivencias, situaciones y pareceres de toda una comunidad? Resulta que la institución escolar tiene que abordar, en toda la extensión, la geografía que el territorio impone.

En ese sentido, la Laguna de Campoma, debió ser escenario de encantamiento en hombres y mujeres de esa amplia tierra. Donde la escuela hablase a los niños del juego,  historias, acontecimientos y realidades del entorno.

La Formación por encima de cualquier circunstancia, hecho, acontecimiento, historia, evento, está obligada a hablar con la verdad.

Resulta que en ese pequeño pueblo donde nací y me crié, se escondió la verdad que el junco procuraba decir a viva voz, cuando por encima del fango y el lodo de aquellas aguas ennegrecidas, se erguía intentando sobresalir para vociferar que ese territorio estaba encima de una falla geomorfológica conocida como la “falla del pilar”. Y que por ser una gran concentración de aguas en tierras movedizas, su escenario era ideal para ser epicentro de movimientos sísmicos de gran potencia.

Sobre lo cual resulta imperativo educar a las comunidades acerca de los riesgos que se corren al vivir en la periferia de aquella hermosa extensión.

Al indagar sobre la materia con maestros, directivos, padres y representantes, estudiantes y comunidades en general, nos encontramos con una situación a estudiar, por las circunstancias que se dieron cuando ocurrió el  terremoto de Cariaco, en fecha 9 de Julio de 1997 a las 3:24 de la tarde.

Justo en el momento cuando las escuelas se encuentran en sus actividades de fin de curso, con alta presencia estudiantil.

Los habitantes no tuvieron preparación por el desconocimiento absoluto sobre la falla. En las escuelas jamás se habló de las potencialidades sísmicas de la Laguna de Campoma. Cuando en realidad era material de estudio y análisis obligado por generaciones.

Fue muy placentero en nuestra infancia escuchar de familiares y amigos largas historias de animales inmensos que salían de la laguna a comerse grandes extensiones de tierra con cosechas de todo tipo.

Y nos hablaban de seres extraterrestres que dejaban sus naves sobre los juncos, mientras pequeños “hombresillos” de piel verdosa les cortaban en grandes cantidades para llevarse el material y construir sus aposentos en otros planetas y estrellas.

Eso estuvo muy bien, al recrearnos en la imaginación. Sin embargo, mejor hubiere sido que los entornos formativos nos hubiesen informado, civilizado, concientizado en relación a las verdades que la Laguna reflejaba desde sus profundidades, para que entre todos nos formásemos para convivir dentro de las adversidades y al mismo tiempo generar clima de convivencia en niveles de armonía y paz.

La Formación tiene que recubrirse de sensibilidades que le posibiliten adherirse a cada aspecto de la geografía en el área donde media y hacerse eco de las voces de quienes en ella interactúan.

Con la finalidad de apropiarse de esa gran oportunidad para la investigación y ahondar en los aportes que cada ciudadano tiene que ofrecer para que la formación de sus hijos esté en función del desarrollo social de las comunidades del entorno.

¿Para qué sirve entonces el estudio? ¿Por qué tiene una comunidad que vivir a espaldas de eventos naturales y sociales que están actuando en sus senos?

Los centros de formación, que conforman el perímetro social de una comunidad (sindicatos, estudiantes, trabajadores, maestros, artistas, iglesias, comerciantes, escritores, soñadores…), se hacen partícipes de las realidades, de las existencialidades, para que en función de sus conocimientos, puedan aportar soluciones a las problemáticas características del ámbito donde realizan sus actividades.

Las nuevas realidades de las locaciones hacen que cada individuo, más que un poblador sea un ciudadano, consciente de los eventos que les circundan y en términos de sus potencialidades, generar los aportes que desde las bondades de lo natural, con seguridad los concederán por el bien de los suyos.

La Laguna de Campoma es una historia real, de lo que tenemos que hacer cuando somos ciudadanos.

 

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Autor: Eknow

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