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FORMACIÓN EN EL VOLCÁN.

Luce un tanto contradictorio que las llamas de la alegría y de la muerte luzcan tomados de la mano. Y nos damos cuenta que tal vez están más estrechas en sus relaciones, más allá de la percepción que manejamos.

En efecto la Formación se parece más a la sonrisa de un niño, que al fuego abrazador de un volcán en erupción. Este último genera una presión calórica incontrolable al punto de ebullición de cualquier cuerpo, mientras que la primera se relaciona con gestos de bondad y armonía para ofrendar vida y lucidez.

Sin embargo, asoman en el conjunto de las ideas expresiones comunes, basadas en lo envolvente de las circunstancias bajo las cuales se generan los eventos. Una carcajada, por ejemplo, viene de adentro y no de la boca para afuera. Desde lo más profundo, un sentimiento envía órdenes a las células que transmiten esas emociones y se transforma en sonido en un proceso de intercambio de instrucciones cerebrales.

Así también el volcán ha esperado un período a veces muy largo en el tiempo, para almacenar toda una potencia que en determinados momentos ha de soltar por cuanto el cúmulo de fuerzas contenidas ya no soporta más y tiene que explotar, ante su incapacidad de resistir.

Ambas fuerzas están relacionadas en la prontitud para almacenar energías y generar cambios. Uno en la naturaleza. Otro en el ser humano. Aprendiendo a cada instante de las relaciones como elemento base a ser tomado en cuenta por el hombre, como epicentro de esas realidades.

 

Astudillo’s Group.

Autor: Eknow

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