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ESCUELA Y FAMILIA.

Hablar de escuela es tener en mente al conocimiento sin entrar en los detalles acerca de la construcción de este último. No importa de qué se habla, siempre y cuando exista el flujo de información entre un emisor y un receptor. Sin que el canal sea objeto de mayor trascendencia.

Así como las circunstancias van generando los espacios de entendimiento y comprensión, también los tópicos a discutir adquieren relevancia en términos de las necesidades de quien se forma.

Queda a un lado entonces lo del emisor y receptor, ante la aparición de quien se forma y quien conduce el acto de formar.

No sabemos a ciencia cierta cuándo aquellos términos dieron paso a éstos. Y tal vez haya sido por la no relevancia que le ofrecían los intervinientes en el acto.

Luego hubo un período de iluminación mayor donde surge la necesidad de una mediación entre quienes tienen que desarrollar habilidades y destrezas para ejecutar un instrumento musical, por ejemplo, o injertar una planta con otra con miras a generar un producto o fruto de mejores potencialidades a las ya conocidas, o una medición para determinar la cantidad de agua vertida en un lugar y tiempo.

Observamos que en estas últimas experiencias ya hablamos de un conocimiento compartido y elaborado en comunidad.

Estamos en presencia de un proceso socializador complejo, nutriéndose desde la sabiduría o de la capacidad de cada quien para opinar, interactuar, aprehender. Sin importar la locación, bien sea  una granja, un río o terreno al aire libre, una iglesia, un teatro, una escuela, etc. Cualquier espacio físico o mental permite que se maneje la generación del conocimiento.

Ahora, allí están personas interactuando. Y el mejor y mayor entorno desde donde surgen las habilidades y destrezas para edificar y consolidar esas interconexiones o intercambio de ideas, se cultiva en el hogar. Asiento por excelencia de la familia. Que sin estar ausente con lo antes descrito, conduce a mirar las estrechas y multifactoriales relaciones que ocurren en esos procesos formativos.

En la familia, comienzan los roces entre los individuos que la integran. Y de estos con el entorno donde tiene asiento en comunidad. Allí surgen las visitas al médico, supermercado, ascensor, estacionamiento como epicentro de lo que antes era el mercado, reuniones del condominio, situaciones que deben atenderse en comunidad, necesidades de la escuela del sector, barrio, comuna, edificio… que constituyen una red a semejanza del vuelo de una abeja en las miles de flores que visita para elaborar su valiosa miel en el panal.

Desde donde aprendemos la magnitud de la incidencia que tiene el esfuerzo individual o particular, hasta confeccionar la respuesta colectiva bajo el auspicio de una concepción interdisciplinaria, convertida en punto de encuentros para elaborar productos requeridos por todos.

Esta estrecha relación, da muestras aceleradas de una necesidad formativa en términos de los requerimientos particulares, tanto de los individuos como de las organizaciones de índole diversa.

Ya entonces no es la escuela la que impone una noción de las narrativas a considerar, sino que es el entorno quien coloca sobre la mesa de sus propias organizaciones, sus necesidades y en los rieles de la inmediatez generando conocimientos, nunca antes pensados.

Adquiriendo nociones de hiperactividad creativa, lo cual indica formación en áreas hasta ahora totalmente desconocidas.

Se impone otra relación de entornos formativos y familia capaces de comprender que en la medida los individuos se involucren, se está fortaleciendo desde la familia una formación integral que posibilite entender esas dinámicas. Con narrativas totalmente diferentes.

Es otra escuela y otra concepción de familia que concilian por el bien de sus miembros a vivir en sociedad.

 

Astudillo’s Group.

Autor: Eknow

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