Astudillo's Group

LOS ORÍGENES

En un golfo hermoso que se mira desde las profundidades de un abierto mar, un artesanal barquito de madera semejante al de papel abre paso en la quietud con dos paletas de madera transformadas en motor, aprovechando la fuerza de la brisa esculpiendo rostros. Un niño aletea queriendo escapar de la sagacidad de un rio ganando espacios en la salinidad de aquellas aguas. Discreto y sereno encalla en una playa bañándose en los cristalinos caracoles haciendo juegos con caballitos de mar.
Al inclinarlo hacia un costado para buscarle asiento, las desgastadas maderas de mangle dejan entrever unos símbolos conviviendo entre el salitre y los penetrantes rayos de sol. Apenas pueden leerse unos jeroglíficos de lo que una vez intentó expresar. Eran nueve caracteres, tal vez hubo más ¿qué representan? Pudo ser el nombre de aquel de contextura delgada, bajito, de pelo muy fino entretejido por la estampa bucólica de aquel lugar, pantalón recogido hasta las rodillas, camisa de kaki sin botones abierta al ancho mar.
O tal vez, el recuerdo de un amor ya ido queriendo dejar expreso un sentimiento jamás perdido. Quizás, una expresión denotativa de una costa en un paraje recóndito y desconocido. Fue en el espejo marino donde se proyectó ASTUDILLO y cuando otros juguetones niños se acercaron para ayudarle a bajar los pocos peces que en su interior estaban, le llamaron Juan, asumiendo entonces la otra expresión como apellido.
Fue el cenáculo de una historia dando riendas sueltas a la imaginación que cabalgó llanuras, al lomo de briosos caballos, cruzó montañas en el estridente caminar sin más recursos que el deseo de mirar más allá de lo visible, desempolvó lágrimas para hacer conexiones ante el recuerdo de memorias perdidas, abanicó sueños devenidos de procreaciones majestuosas transformadas en hijos. Quienes se atrincheran del pensamiento para ir hacia otros contextos haciendo gala de una búsqueda transformada en sociedad.
Esos nueve encantos se transformaron en ciencias impulsoras de propósitos muy bien definidos, haciendo de la urdimbre ese tapizado de multiplicidad de colores, esculpiendo en la formación los caminos de nuestras vidas. De allí, que seamos eternos soñadores, caminantes, buscadores de vericuetos de la vida, donde nos certificamos para compartir espacios hasta ahora también desconocidos.
En ese recorrido nos fue nutriendo la sabia cívica y ciudadana de otros caminantes. Quienes impulsados por los golpes del tambor a la orilla del mar y contra viento y marea conformamos una hoguera, alrededor de la cual nos juntamos y tomados de la mano hemos conformado esta olimpiadas de visionarios. Convencidos que otro mundo es posible, construyendo con nuestros ideales caminos más limpios y menos traumáticos para hacernos del conocimiento mediante las caracterizaciones de humanidad que cada quien es capaz de aportar. El pequeño barco dejó las roídas tablas en aquella pintoresca escena y se bañó de arcoíris llevando a la praxis.